“Murió el Indio, no lo puedo creer”. “Loco, se murió el Indio”. “Se nos fue el más grande, la puta madre” esos fueron algunos de los mensajes que llegaron a los grupos de Whatsapp y que seguramente se han replicado por toda la Argentina.
Es que Carlos Alberto Solari ya era un símbolo de la cultura nacional y con su paso a la eternidad seguramente agigantará (aún más) su figura.
El mister tenía 77 años y padecía Parkinson. Este viernes 5 de junio se conoció la triste noticia de la muerte de quien fuera artífice de uno de los movimientos populares más importantes del país.
Junto a Skay Beilinson fundaron Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 1976, una de las mejores agrupaciones del rock nacional de todos los tiempos. Un total de 10 discos de estudio (contando el doble de Lobo suelto, cordero atado) y uno en vivo fue la jugosa discografía ricotera.
Tuve la fortuna de estar aquel 4 de agosto de 2001 en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, que en ese momento se llamaba Chateau Carrera, fue la última misa de Los Redondos. El Indio estaba molesto, y hasta se enojó con alguien del público que le arrojó algo al escenario. Ese día terminó su parte de “Ángel para tu Soledad” y se retiró de escena, dejando a los músicos terminar solos la canción. Fue el fin de una etapa dorada y se empezaba a gestar otra importante en su carrera musical.
Tras un receso encaró el proyecto junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y no solo mantuvo su figura, sino que la acrecentó. Muchos que no alcanzaron a ver a Los Redondos comenzaron a seguir al Indio con su nueva agrupación. Cinco materiales de estudio y un par de registros audiovisales en vivo (en especial el de La Plata) fue el saldo de esta aventura. Fue dueño de las convocatorias más grandes en sus shows.
Para alejarse un poco de la figura del Indio en 2022 formó El Mister y los Marsupiales Extintos, otra agrupación de Solari.
Tras sus problemas de salud, que él mismo se encargó de informar, el Indio se alejó de los escenarios pero no del corazón de sus seguidores.
La vida determinó que hace más de dos décadas se separó de quien fue su mejor socio musical (Skay) y tomaran caminos separados. También determinó que armara otra mega banda con Los Fundamentalistas y potenciara el legado Redondo y sobre todo lo de él. La vida también determinó que sufriera una enfermedad de la que hasta el momento no tiene cura.
Quedará en los seguidores cada misa, cada viaje, en cada trapo, cada remera, cada tatuaje, cada acampe, cada canción. Ahora la obra y la leyenda pasan a otro plano, pero quedará en la cultura del rock nacional, arremolinando como le gustaba a él y estará en las banderas que guardan su nombre en los corazones.
Por Ernesto Ramos


