Sontrip

Alto voltaje total

Alto voltaje total
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La actualidad del rock tiene esos momentos donde todo parece alinearse: nostalgia, potencia y presente chocando en una misma frecuencia. Y cuando eso pasa en Argentina, el resultado es siempre desproporcionado. Porque acá el rock no se escucha: se vive, se suda, se grita hasta quedarse sin voz.

El regreso (real, simbólico o simplemente inevitable) de AC/DC al radar local volvió a encender esa llama. No importa si es un anuncio, un guiño o una promesa entre líneas: cada vez que el nombre aparece, el país entero se transforma en una previa eterna. Hay algo en la relación entre la banda australiana y el público argentino que ya está en otra categoría, una especie de pacto emocional que no entiende de décadas ni de agendas.

No es casualidad. Lo de AC/DC en Argentina siempre fue más que un show: fue comunión. Desde aquellas noches que quedaron tatuadas en la memoria colectiva hasta hoy, donde se activa la misma reacción visceral. Pocos artistas logran ese nivel de pertenencia. Ellos lo hicieron a base de riffs simples, energía cruda y una honestidad brutal que acá se entiende perfecto.

Pero el rock también sabe reírse de sí mismo. Y ahí aparece una escena que ya es parte del folclore reciente: Rick Astley irrumpiendo junto a Foo Fighters en un momento tan espontáneo como brillante.

Dave Grohl lo ve al costado del escenario, lo sube sin protocolo y lo que sigue es historia: “Never Gonna Give You Up” reinterpretada con la energía de “Smells Like Teen Spirit”.

No fue solo un mashup, fue una declaración. El pop ochentoso, el grunge noventoso y el espíritu rockero conviviendo en un mismo gesto. Improvisado, irreverente, vivo. Exactamente como debería ser, y se disfruta, en este aporte viral que nos reenvía Juan Ricardo Millán a un grupo de amigos “cabezas de rock”.

Mientras tanto, las noticias orbitan como satélites alrededor de ese núcleo eléctrico. Un nuevo film sobre John Lennon promete volver a mirar al mito desde otro ángulo, en tiempos donde su figura sigue siendo tan necesaria como incómoda. La posibilidad (todavía envuelta en falta de confirmaciones y deseos) de ver a Led Zeppelin nuevamente en formato gira reactiva una fantasía que parecía clausurada.

Más cerca, casi al alcance de la mano, Travis vuelve a poner a Chile en el mapa emocional del rock regional. Su paso en este 2026 por Viña del Mar, Frutillar y Santiago no solo marcó un reencuentro potente con su público, sino que dejó un mensaje claro: “Chile ha sido un punto culminante para nosotros”. Y mientras proyectan su calendario 2027 preguntando dónde deberían tocar, del lado argentino (y especialmente desde acá, desde Mendoza) la respuesta suena fuerte. La cercanía geográfica convierte esas fechas en algo más que una gira: son una oportunidad concreta para los fanáticos mendocinos, que históricamente cruzan la cordillera para vivir shows internacionales que muchas veces no pisan suelo local.

Y en clave nacional, el pulso sigue firme. A 40 años de “Tango”, el proyecto de Charly García y Pedro Aznar se resignifica como una obra adelantada a su tiempo. Pensado como un disco a dúo, construido íntegramente por ellos mismos, fue también una exploración sonora atravesada por la tecnología de los ‘80: baterías electrónicas, secuenciadores, sintetizadores. Pero más allá del contexto técnico, hay una canción que sigue atravesando generaciones: “Hablando a tu corazón”. Una pieza que volvió a latir con fuerza en la previa del Mundial de Qatar 2022, como banda sonora emocional de una Selección Argentina que tuvo mucho de rock: épica, resistencia y explosión final. Y este es un año Mundial justamente.

En ese mismo presente expandido, Divididos reafirma su lugar con un nuevo trabajo que sorprende por su profundidad. Hay potencia, sí, pero también una sensibilidad distinta. El disco se mueve entre lo crudo y lo cálido, entre el golpe y la caricia. Letras que interpelan, que bajan la velocidad en un mundo acelerado. Como en “Doña Red”, donde la narrativa se vuelve casi existencial: un tipo que cae, que se pierde en la lógica de las pantallas, que se pregunta dónde está y hacia dónde lo lleva todo eso. Y en ese desconcierto aparece algo más: la necesidad de seguir, de encontrar sentido en medio del ruido.

Todo convive en el mismo presente. El rock que nos formó y el que todavía nos sorprende. El que llena estadios y el que aparece en un video inesperado. El que vuelve y el que nunca se fue.

Porque al final, en Argentina, el rock no es una etapa: es un estado permanente. Y cuando se activa, como ahora, no hay forma de salir ileso.

Informe Martin Lubowiecki. Imagen AC DC en Buenos Aires 2026, foto Christie Goodwin @ChristieGoodwin